Nuestra aventura vitivinícola: de afición a bodega exclusiva.

Al principio, no había ni una sola vid en nuestra finca, solo almendros y olivos. Los vinos de la zona, en su mayoría producidos a nivel del mar cerca de la costa, eran pesados y dulces y no se correspondían realmente con nuestro gusto.

Nuestro interés por el vino despertó inicialmente cuando descubrimos la historia de nuestra zona en mayor profundidad.

Nos enteramos de que aquí, hace más de 500 años, los árabes cultivaban la uva a gran escala; en aquella época, seguramente para la producción de perfumes y remedios medicinales. Fue hace apenas hace 100 años cuando las vides fueron destruidas por la plaga de la filoxera que por entonces había llegado a España.

Así que, con la vista puesta en el pasado y teniendo en cuenta que nuestra finca está ubicada a 650 m sobre el nivel del mar y que cuenta con sustratos pobres de piedra caliza que prometía unas condiciones ideales para la producción de vino tinto, nos embarcamos en esta gran aventura y plantamos las primeras vides. Al igual que en Burdeos, elegimos las variedades cabernet sauvignon y merlot, en marcado contraste con las costumbres locales que, aún hoy en día, prefieren vides de mayor rendimiento como monastrell y tempranillo.

Estábamos sumamente orgullosos de nuestra primera cosecha en 1988 pero, por desgracia, no pudimos transformar los aproximadamente 200 kg de uvas en un vino bebible. El resultado fue un barril de vinagre y otro que contenía un líquido oxidado maloliente. La cremación parecía ser la única solución. Obviamente, teníamos un problema: carecíamos de los conocimientos necesarios para hacer frente a las ingentes cantidades de uva que iban aumentando inevitablemente.

Este fue el comienzo de una fase intensiva de aprendizaje y de recopilación de información, tanto desde la literatura como mediante el intercambio de información con productores de vino de Alemania, Alsacia y España.

Aunque una de las mayores debilidades de la vid es su susceptibilidad a enfermedades y plagas, tenemos relativamente pocos problemas de este carácter debido a nuestra ubicación. La mayor dificultad es mantener a los múltiples jabalíes alejados de nuestras uvas pero las vallas eléctricas han demostrado ser muy eficaces. Por lo tanto, solo utilizamos cantidades ínfimas de pesticidas y esto se refleja en la naturalidad y la palatabilidad de nuestros vinos. También es fácil de digerir debido a su baja acidez. Puesto que nuestra intención es crear un vino que se consuma joven, casi no utilizamos conservantes, un hecho que se aprecia notablemente a la mañana siguiente de consumirlo, incluso si lo hemos disfrutado en cantidades generosas.

El carácter y el sabor son más importantes para nosotros que afinar nuestro vino con aditivos, estabilizarlo o fíltralo en exceso para minimizar los sedimentos. En comparación con las grandes bodegas comerciales, obtener un sabor constante no es de primordial importancia para nosotros, por lo que no mezclamos nuestros vinos. Cada vino se caracteriza por su ubicación específica y  su añada. Dependiendo de las condiciones climáticas, cada cosecha será ligeramente diferente y gozará de una personalidad propia única, haciendo que el proceso sea aún más interesante.

Criado en barricas de roble, nuestro vino de color rojo rubí oscuro se aprecia por su sabor afrutado, su densidad y los acentos de bayas de la Sierra del Contador. Se ha ganado un creciente número de amigos, incluso fuera de Europa y, a día de hoy, esto también se aplica a nuestros rosados y blancos.